Artículo publicado en Foreign Affairs Latinoamérica

Las negociaciones secretas del Vaticano e Israel (22/03/19)
A 25 años del Acuerdo Fundamental

En diciembre de 1993, la Santa Sede y el Estado de Israel firmaron el Acuerdo Fundamental que allanó el camino hacia la plena normalización del vínculo bilateral, cristalizado en el establecimiento de relaciones diplomáticas unos meses después. ¿Cómo alcanzaron las partes este acuerdo trascendental?

La historia comienza entrada la década de 1990. A la luz de la apertura de diálogo entre israelíes, palestinos y algunos países árabes en el marco de la Conferencia de Paz de Madrid, y una incipiente y promisoria nueva realidad en el Medio Oriente, la diplomacia papal hacia el Estado judío fue revisada. Contactos preliminares comenzaron a tener lugar entre las partes, principalmente representadas por el monseñor Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, Delegado Apostólico en Jerusalén desde abril de 1990, y Avi Pazner, Embajador ante Italia a partir de octubre de 1991. El 21 de mayo de 1992, el Jerusalem Post publicó la primicia acerca de los primeros contactos secretos, y el 28 de julio el Corriere della Sera anunció la inminente creación de una Comisión Bilateral integrada por expertos bajo la supervisión de Claudio María Celli por la Secretaría de Estado y Yossi Beilin por la Cancillería israelí.

Ellos contaron con la mediación de David Jaeger, portador de una peculiar historia personal. Judío e israelí por nacimiento, converso al cristianismo y ordenado sacerdote por elección, era un experto en Derecho canónico y en la historia de los lugares santos en la Tierra Santa. Su familiaridad con la sociedad israelí, por un lado, y su conocimiento de los modos del Vaticano, por el otro, lo convirtieron en un puente entre las partes.

El 28 de agosto de 1993, Haaretz informó que en la cancillería israelí “se cree ampliamente que el Vaticano no normalizará las relaciones diplomáticas hasta que haya progreso en el sendero hacia la paz”. El 13 de septiembre, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina firmaron el Acuerdo de Oslo en una ceremonia en la Casa Blanca, e inmediatamente la Comisión Bilateral entre Israel y el Vaticano retomó sus tareas. En octubre, el papa Juan Pablo II recibió al Ministro de Relaciones Exteriores, Shimon Peres, y ese mismo mes comenzó a realizarse la traducción del Acuerdo Fundamental de inglés a hebreo. El 10 de diciembre quedó completada y se decidió que el 30 de diciembre sería firmado en conjunto.

Para los israelíes, el pacto tenía un elevado valor simbólico y representaba el advenimiento de una nueva era en las relaciones entre ambas religiones. Estos comprendían que estaban firmando un documento jurídico y político, pero le asignaban una dimensión teológica también. La Santa Sede lo veía meramente como un tratado diplomático enmarcado en el ámbito de las relaciones internacionales.

Las diferencias de perspectiva entre Israel y la Santa Sede habían surgido desde el inicio de las tratativas. Tal como observó el periodista italiano Lorenzo Cremonesi, no solamente tenían posiciones diferentes en torno a los asuntos a negociar, sino que la propia naturaleza del acuerdo era percibida de modos distintos. Israel consideraba que los contactos debían conducir a la normalización de las relaciones y, posteriormente, las preocupaciones de la Santa Sede serían discutidas. Por su parte, el Vaticano pretendía que los contactos (además de permitir su ingreso a la Conferencia de Madrid) sirvieran para resolver temas bilaterales pendientes, y después podrían ser normalizadas las relaciones. Las partes acordaron que darían inicio al diálogo en aras de lograr acuerdos parciales en los temas de agenda, una preferencia vaticana. A su vez, Roma estuvo dispuesta a admitir, aunque de manera hipotética, que las negociaciones podrían resultar en relaciones diplomáticas plenas si las circunstancias lo permitieren.

Las partes, a su vez, tenían aproximaciones jurídicas diferentes. El Vaticano tomaba como modelo sus concordatos con otros países pero los israelíes no estaban lo suficientemente familiarizados con la ley canónica o con la Iglesia. “Debimos crear desde las bases un alfabeto de comunicación”, señaló Jaeger. Se determinó que las relaciones diplomáticas plenas serían establecidas a más tardar a 4 meses de ratificado el Acuerdo Fundamental. En enero de 1994, el Vaticano designó a Montezemolo como su enviado ante el Estado judío, e Israel designó a Shmuel Hadas (nacido en Argentina) como su representante especial ante la Santa Sede. En marzo, el Acuerdo Fundamental fue ratificado, y en junio relaciones diplomáticas fueron entabladas. La nunciatura fue ubicada en el viejo monasterio franciscano de San Pedro, sitio en la localidad de Jaffa (lindante con Tel Aviv). Habían transcurrido 45 años desde el nacimiento del Estado de Israel.

Para entonces, la Santa Sede ya tenía relaciones diplomáticas con más de cien Estados. En algunos casos, tales como con Estados Unidos, Italia, México y Polonia, la formalización de relaciones había tomado periodos prolongados. Pero resultaba claro que el vínculo con el Estado judío era singular y que temas que no eran políticos estaban en juego. Este hecho no escapaba a la atención de católicos ni de judíos. “Lo que está pasando ahora”, dijo Peres, “no es un acto diplomático, sino un acto histórico”. El cardenal John O´Connor, Arzobispo de Nueva York, subrayó que “uno de los mayores eventos en la historia no debe ser trivializado al reducirlo a lo superficialmente político”. El propio Acuerdo Fundamental mencionaba la “naturaleza singular de la relación entre la Iglesia católica y el pueblo judío” así como el “histórico proceso de reconciliación y crecimiento en mutuo entendimiento y amistad entre católicos y judíos”.

Los lazos entre Jerusalén y Roma no estuvieron exentos de altibajos o incluso de fuertes discrepancias. Pero aquél 30 de diciembre de 1993, con la firma de este acuerdo especial, una cuenta pendiente de proporciones históricas fue saldada.