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Muhamar Qaddafi à la mode (Agosto 2019)

Ahora que se cumplen 50 años de la revolución Qaddafista -cuando un joven apuesto militar, al mando de unas pocas decenas de oficiales, derrocó a la monarquía de Idris al-Sanussi un lejano septiembre de 1969-, ahora que su caótico gobierno de cuatro décadas de duración -durante el cual transformó a Libia en un laboratorio social para experimentar con el pueblo sus excéntricas teorías- ha llegado a su fin, ahora que su complejo legado -represión doméstica brutal, promoción de guerras regionales y terrorismo global, desintegración del país en una guerra civil y tribal sangrienta tras su muerte- es más o menos conocido, ahora quizás sea entonces aceptable enfocarnos en uno de los aspectos más frívolos y menos dañinos de su persona: su colorido, vívido y peculiar vestuario.

Su particular estilo estético contribuyó a su fama de hombre estrafalario. “Me gustaría follar los pantalones del Coronel Qaddafi” respondió el pintor Francis Bacon cuando el escritor inglés Jeffrey Bernard le preguntó con quien más que nadie en el mundo le gustaría acostarse. La revista Time publicó un artículo sobre su estilo que llevó por título “La moda de Qaddafi: el emperador tenía algo de ropa loca”. Su autor, Nicholas Hegel McClelland, acotó: “Durante cuatro décadas de liderazgo despiadado, el ´Hermano Líder´ probablemente no recibió muchas observaciones de su sastre”. Durante una conferencia de prensa en Libia en 2008 lució un gorro caqui y una camisa al tono con imágenes de varios nacionalistas árabes, entre ellos el egipcio Gamal Abdel Nasser. Para la sesión de clausura de una cumbre de líderes africanos en Sudán en 2006, se vistió íntegramente del mismo color. “Puede preguntarse por qué Gadafi se vistió de púrpura de pies a cabeza. Pero la pregunta más relevante es: ¿Por qué no fue aterciopelado? Creemos que George Costanza estaría de acuerdo” lanzó Nicholas Hegel McClelland. Al contemplar la túnica de tonos amarillos que el Coronel usó durante la apertura de la cumbre de Jefes de Estado africanos en Addis Abeba en 2009, este periodista notó que era “excelente para ocultar las manchas de mostaza”.

Los periodistas de pret-a-porter estaban igualmente fascinados. En 2009, la revista Vanity Fair le dedicó una nota titulada “El Coronel Qaddafi: una vida en la moda” con esta presentación:

“Desde que completó su transición de paria internacional a estadista, el Coronel Muhamar Qaddafi -el líder de mayor trayectoria tanto en África como en el mundo árabe- ha traído color y su propio estilo excéntrico al circuito monótono de cumbres y conferencias internacionales. Basándose en las influencias de Lacroix, Liberace, Phil Spector (para el cabello), Snoopy e Idi Amin, el líder de Libia, ahora en sus 60 años, es simplemente el vestidor más descarado del escenario mundial. Rendimos homenaje a un genio de la sastrería de nuestro tiempo”.

Al parlamento francés asistió con un traje negro y un mapa de África adosado al pecho en el color nacional de Libia haciendo juego con una camisa verde con el detalle de “una hermosa capa y bufanda arrojadas sobre su hombro a la manera del gran empresario de cabaret francés de la época de Toulouse-Lautrec, Aristide Bruant” en la descripción de Christophe Ena. Cuando visitó el Palacio de Versalles portando un sombrero aviador y una campera de cuero marrón con piel de cordero, Patrick Kovarik observó: “¿De dónde obtiene este individuo extraordinario las ideas para su guardarropa?”. Al recibir a Hosni Mubarak en Sirte, Qaddafi lució un pantalón blanco y una camisa extravagante impresa con fotos de lo que parecían ser héroes africanos; se calzó zapatos de cuero negros con altos tacos durante una caminata por la playa (presumiblemente para estar a la altura del egipcio) y cargó un paraguas blanco en su mano derecha.

Otros periodistas se mostraron más críticos. Aterrizó en Italia para una reunión con Silvio Berlusconi “con el uniforme tradicional de un dictador de república bananera, con matices y charreteras que habrían avergonzado a Napoleón” según consignó impiadosamente Alessandra Benedetti. Clavada en sus ropas podía verse una fotografía del héroe nacional libio Omar al-Mukhtar, quien fue ejecutado por las autoridades coloniales italianas en la década de 1930. En un encuentro del G-8 lució un traje blanco al estilo de John Travolta en Fiebre de sábado por la noche bajo una típica chalina árabe de color negro, ostentando varias medallas y “un broche de África, por si alguien olvidara que Muhamar es el presidente de la Unión Africana” acotó con sorna cierto corresponsal. Cuando el Coronel vistió unas túnicas de color salmón con detalles violetas y un gorro marrón, Laurent Rebours disparó: “Esto, sorprendentemente, es la idea de Qaddafi de llevar ropa adecuada para el almuerzo con el primer ministro portugués, Antonio Guterres, en el Hotel Sheraton de El Cairo, en abril de 2000. Eso, o su equipaje se perdió en el camino y sacó un atuendo del tapizado de su habitación de hotel”.

El académico y diplomático norteamericano Ethan Chorin subrayó que el narcisismo del Coronel estaba exacerbado por asuntos de identidad sexual asociados a su fijación por la moda con un toque femenino. “[Qaddafi] puede revisar el armario de Nancy [la Primera Dama] cuando quiera” acotó al respecto con ironía Ronald Reagan en su tiempo. Enric Gonzalez informó en El País de España que el líder libio se presentó en un acto oficial “maquillado como una Barbie y con zapatos de tacón”.

Aunque Qaddafi nunca llegó a impactar en el arte y en la moda occidental como Mao lo hizo -Andy Warhol lo retrató, Amazon ofrece remeras con su rostro estampado y existe el cuello homónimo para referir a cierto tipo de chaqueta- nos queda el estilo Q para recordar el lado más liviano de su legado.