ENTREVISTA CON LA VANGUARDIA (COLOMBIA) – 05/06/19

Tema: Ganar es perder un poco

Uno de los mayores reveses de su carrera política sufrió el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, luego de su incapacidad para consolidar una coalición. Netanyahu se juega su futuro político en nuevas elecciones en septiembre próximo.

Israel está sumido en una incertidumbre política tras el fracaso del primer ministro Benjamin Netanyahu de formar gobierno, precipitado por el rechazo de su exministro de Defensa, Avigdor Lieberman, a formar coalición.

Así las cosas, los israelíes conocieron de una nueva citación a las urnas en septiembre próximo, apenas unas semanas después de las últimas legislativas celebradas en abril. Algo inédito desde la creación del Estado de Israel en 1948.

La continuidad del gobierno de Netanyahu, en el poder desde 2009 sin interrupción, está en la cuerda floja, y lo que está en juego es la supervivencia misma de una figura que ha dominado la política israelí en los últimos años. Sus aliados terminaron votando la disolución del Parlamento.

La disolución de la Knésset (Parlamento israelí) el pasado jueves, marcó un dramático punto de quiebre para Netanyahu, el primer ministro con el período más extenso en la historia israelí, con 13 años en el poder. Además, ha generado incertidumbre sobre su futuro político.

Israel es una democracia parlamentaria cuyos gobiernos se forman a partir del armado de una coalición, explica Julián Schvindlerman, analista político internacional argentino. Coalición que, según él, resulta de duras negociaciones tras los resultados electorales.

El experto en asuntos del Medio Oriente recuerda que en las últimas elecciones triunfó el partido Likud de Netanyahu, el de mejor chance para formar gobierno, algo que no lo logró y entonces llamó a nuevas elecciones.

“Habitualmente, cuando el mejor posicionado fracasa en armar gobierno, el presidente (Reuven Rivlin) convoca al segundo con mejor oportunidades, que en este caso sería Benny Gantz del partido Azul y Blanco. Netanyahu evitó ello al disolver el Parlamento y llamar a nuevas elecciones”, describe Schvindlerman.

Si bien reconoce que la movida fue legal, y teniendo en cuenta que Netanyahu quedó a una sola banca de poder formar gobierno, considera de todos modos dudoso que haya sido lo correcto.

Le dieron la espalda

Para Jaime Rosenthal, profesor de la Universidad Externado de Colombia, Netanyahu estaba confiado de que podría armar coalición con los partidos que lo han acompañado en los últimos años, la derecha nacionalista, la derecha religiosa y otras facciones religiosas.

Pero en este caso le quedó faltando el apoyo de un partido de derecha nacionalista laico, que encabeza Lieberman, quien no estaba dispuesto a conformar gobierno donde los partidos religiosos estuvieran imponiendo muchas condiciones.

Especialmente se refiere a un tema de por medio que no ha sido resuelto, relacionado con la obligatoriedad de prestar el servicio militar por parte de los jóvenes de familias ultraortodoxas.

Se trata de un asunto fundamental en un país en guerra desde su creación.

En Israel, donde los hombres cumplen casi tres años de servicio militar y las mujeres dos años, este trato preferente hacia los ultraortodoxos, que representan el 11% de su población y con mayor crecimiento demográfico, está considerado por muchos una injusticia.

A juicio del analista Schvindlerman, Netanyahu buscó hacer malabares entre dos fuerzas muy opuestas: los seculares del partido Israel Nuestro Hogar, de Lieberman, y los partidos ultraortodoxos, cuyos intereses son contrarios.

“Lieberman quiere promover una ley ya avanzada a favor de reclutar a los jóvenes ultraortodoxos al servicio militar pero estos partidos se oponen con fuerza a ello, al buscar preservar el status quo establecido en 1948, que les da el derecho de dedicarse al estudio religioso sin ir al Ejército. Lieberman no cedió, tampoco los ortodoxos, y las negociaciones cayeron”, asegura.

Así pues, el primer ministro israelí opta por disolver la Knésset, “básicamente porque confía que con nuevas elecciones le va a ir mejor que en las anteriores, que va a conseguir un mayor número de curules en el Parlamento, y no va a necesitar por lo tanto, el apoyo de tantos partidos minoritarios para formar una coalición de gobierno”, apunta en ese sentido Rosenthal.

Riesgosa apuesta

Aunque la cataloga como una riesgosa apuesta que podría tener algo de razón dado el amplio respaldo que tiene el líder israelí entre los sectores de la derecha, aunque tenga que someterse a un proceso judicial por acusaciones de corrupción.

“Esta situación ha sido aprovechada hábilmente por Netanyahu para invocar una persecución en su contra, que según él busca de esa manera sacarlo del camino”, destaca el docente de la Universidad Externado.

No obstante, Alexander Montero, profesor de Geopolítica de la Universidad Santo Tomás, advierte el costo político que esto significa para Netanyahu.

Esto, añade, plantea una renegociación al interior de las fuerzas políticas de Israel para intentar formar gobierno.

“Todos estos factores llevan a que el primer ministro se presente con una imagen debilitada en el seno de los partidos y ante la sociedad israelí que nos abre el camino a una nueva coalición, si bien liderada por Netanyahu, pero con algunos ingredientes y diferencias”, considera.

Montero observa, además, un predominio de posiciones radicales que no se ponen de acuerdo porque son las voces más radicales las que dificultan esta coalición, aludiendo al partido de Lieberman.

Según él, Lieberman ha acusado a Netanyahu de aplicar una política débil hacia los palestinos. “Lieberman quiere una agudización de la ocupación y una manifestación fuerte más marcada contra los palestinos”, dice.

Adicionalmente, pronostica que la coalición que resulte tampoco será favorable a la paz y, “será una que busque una radicalización de la ocupación en los territorios palestinos”.

Por otro lado, menciona que los tres casos de corrupción que acosan al primer ministro Benjamin Netanyahu, de su familia y de su círculo inmediato, es otro elemento que lo pone contra las cuerdas.

Plan de paz de Trump, Pendiente

Con respecto a cómo la crisis política israelí impactará el plan de paz para Medio Oriente trazado por el presidente Donald Trump, el experto Jaime Rosenthal reconoce que sí se afecta de alguna manera su presentación. “No tendría sentido que frente a esta incertidumbre política en Israel se presentara un plan que seguramente su discusión y aprobación va a quedar esperando hasta que se produzcan nuevas elecciones”, insiste.

Alexander Montero comparte esta afirmación, señalando que la Administración Trump ya había aplazado de por sí en varias ocasiones la presentación en público del plan y con este nuevo panorama político israelí, no queda más remedio que suspenderlo.

En esta coyuntura, el plan de paz que Trump busca lanzar posiblemente quedará rezagado al desarrollo político doméstico en Israel, anota por su lado, Julián Schvindlerman. “Trump cuenta con Netanyahu, con quien tiene una excelente sintonía política y personal, para avanzar”, puntualiza.