ELMEDIO - 17/06/19

MERETZ, ¿TODAVÍA SIONISTA?

Tras su creación en 1992, el partido de ultra izquierda israelí Meretz tuvo un estreno electoral espectacular: doce bancas sobre ciento veinte en la Knesset, el tercer puesto en el ranking de los ganadores y un 9.6% de los votos. De allí en más inició un descenso político oscilante hasta alcanzar las magras cuatro bancas, el noveno puesto y apenas el 3.63% de los votos en las últimas elecciones, este 2019.

No fue una caída libre, pero sí sostenida, a lo largo de los años. En las siguientes elecciones, en 1996, perdió tres bancas y cayó al quinto puesto. En las elecciones de 1999 ganó una banca pero cedió un puesto, ubicándose cuarta entre los triunfadores. Esa fue la última elección de la era Oslo, en la que Meretz vindicó su ideología dialoguista con la OLP de Yasser Arafat. Tras el colapso del proceso de paz en el año 2000 y el lanzamiento palestino de una nueva y sangrienta intifada, Merertz ya no volverá a tener bancas de dos dígitos. En las elecciones del 2003 perdió cuatro bancas y cayó al puesto seis entre los partidos ganadores. Tres años más tarde, en 2006, perdió otra banca, cayó al puesto número nueve y cosechó apenas el 3.77% de los votos nacionales. En 2009 tuvo una peor performance electoral todavía, logrando tan sólo tres bancas, retrocediendo aún más en el ranking y persuadiendo ideológicamente a un paupérrimo 2.95% del padrón electoral. Las elecciones del 2013 le obsequiaron una alegría al darle tres bancas más y recuperar dos posiciones entre los contendientes, pero dos años después perderá una banca y caerá otros dos puntos en el ranking. En 2019, finalmente, obtuvo sólo cuatro bancas -lo que representa un encogimiento del 66% respecto de su victoria estelar de 1992-, quedó ubicada en la novena posición -lo que implica un rendimiento electoral tres veces peor que el logrado en sus primeras elecciones-, y pudo seducir a sólo el 3.63% de los israelíes -una pérdida en el orden de los dos tercios de sus votantes originales y que además superó al filo el umbral electoral del 3.25%-.

Con sólo el doce por ciento de los israelíes judíos identificándose como izquierdistas, según datos del Instituto de Democracia de Israel, Meretz quedó relegado a los márgenes de la vida política nacional. Una de sus cuatro bancas en el Parlamento resultó enteramente de los votos de los árabes del país. El partido acaba de anunciar que buscará un “liderazgo conjunto árabe-judío” para las próximas elecciones. Su última lista incluía a Issawi Freij y a Alí Shalalha, un árabe y un druso respectivamente, en el top-5 de sus postulantes. (Un antecedente de esta cooperación partidista judeo-árabe pudo verse en 1999, cuando Hussniya Jabara se convirtió en la primera parlamentaria árabe; en representación de Meretz, precisamente). Lo cual es muy auspicioso en cuanto a la coexistencia árabe-judía en Israel y a la integración política de la minoría árabe. Y es también un tributo al pluralismo de Meretz. Pero refleja a la vez donde está ubicado el nuevo distrito electoral partidario. Meretz casi triplicó el total de sus votos entre los ciudadanos árabes de Israel en comparación a la última elección (aproximadamente 36.000 sobre 12.000) a la par que vio caer un 20% su voto judío (de alrededor de 150.000 a 120.000). Con un umbral electoral de 140.000 votos, esto quiere decir que Meretz no estaría en la actual Knesset si no fuera por los votantes árabes.

¿Hasta dónde estará dispuesto a ir Meretz? Tamar Zandberg, su actual líder, declaró: “El futuro de la izquierda israelí es una asociación entre judíos y árabes”. Dijo también: “A nivel político y electoral, si el campo de centro-izquierda no crea asociaciones con la comunidad árabe, no podrá regresar al poder. Si los árabes votan como los judíos, no habrá un primer ministro de la derecha”. Y en un mensaje enviado por email a sus partidarios aseguró que la “nueva izquierda israelí (...) debe incluir una verdadera asociación entre judíos y árabes: social, civil y política”. La Autoridad Palestina ve con buenos ojos este desarrollo.

Golda Meir acusó cierta vez a Shulamit Aloni, la futura partera de Meretz, de fomentar una forma israelí de “egoísmo burgués progresista”. ¿Qué diría hoy de Zandberg, su heredera y sucesora ideológica? ¿Qué diría del partido, que no se había definido como sionista en sus plataformas de las previas tres campañas electorales, y que llevó al Jerusalem Post a titular “Meretz debate si es Sionista” en octubre de 2017?

¿Lo es? Liel Leibovitz reportó acerca del debate surrealista en la revista Tablet. La titular del partido entonces, Zehava Gal-On, aseguró que Meretz seguía tan comprometido como siempre con el sionismo. Su portavoz, May Ossi, dijo lo opuesto: “Meretz es un partido político israelí no sionista, el partido de todos los ciudadanos porque la idea del sionismo necesariamente borra a todo otro pueblo”. Mossi Raz, el secretario-general del partido, afirmó que Meretz nunca se había definido como un partido sionista. Ilan Gilon, figura destacada de Meretz, afirmó que el lema del partido seguía siendo “el sionismo, el socialismo y la hermandad de los pueblos”. Asumiendo que Meretz sigue siendo filosóficamente sionista, otro debate pertinente emerge a la luz de su lema: ¿es Meretz más sionista que socialista o viceversa? A juzgar por su decisión de julio del año pasado, parecería que el socialismo es su carta preferida. Aquél mes, la Internacional Socialista, de la que Meretz es miembro, adoptó una resolución que tachaba a Israel de ser Apartheid y respaldaba al movimiento BDS. Entonces, el Laborismo abandonó esa organización. Meretz no lo hizo. Enfrentada a la elección entre su lealtad al sionismo o al socialismo, optó por lo segundo. De por cierto, su plataforma se titula “No hay revolución sin Meretz”; una jerga más propia de la época de la fundación de la Internacional Socialista que de nuestros tiempos.

La mayoría de los israelíes judíos, parece, no están interesados en la revolución. Al menos no en la revolución socialista, judeo-árabe o lo que sea que los camaradas post-sionistas de Meretz tengan en mente. Dedicados a la revolución del high-tech, una nueva generación de israelíes ha transformado al país de ser una entidad socialista en sus orígenes a una pujante nación start-up capitalista en el siglo XXI. Políticamente, han abandonado las fantasías peligrosas que Meretz promovió con celo durante toda su historia. Al perder protagonismo por defender perimidas ideas de izquierda, el partido se encuentra en la paradoja existencial de deber moverse más a la izquierda todavía para asegurar su supervivencia. Con su auto-eyección del campo sionista, Meretz está, finalmente, arribando a su hogar natural.