Revista de los Amigos Uruguayos de la Universidad Hebrea de Jerusalem – Enero 2017

Donald Trump y la historia contrafáctica

La historia contrafáctica es una herramienta académica que nos permite asignar idealmente desenlaces diferentes a hechos históricos conocidos. Ir de lo que pasó a lo que podría haber pasado es el camino que nos ofrece este vehículo intelectual. Pero tiene restricciones, tal como las ha detallado el profesor de la Universidad de Tel-Aviv Yoav Tenenbaum en History News Network: para que la historia contrafáctica sea creíble debe admitir solamente variables internas; si juega con variables externas entonces pierde rigor historicista. Tomando los ejemplos ofrecidos por el Dr. Tenenbaum, historia contrafáctica liviana sería una pregunta del tipo “¿Habría adoptado Gran Bretaña una política diferente con respecto a la Alemania nazi si Neville Chamberlain no hubiera sido nombrado Primer Ministro británico en 1937?”. Según el autor, aquí se estaría modificando la narrativa histórica tal como la conocemos, agregando una variable que sacude enteramente el tablero, a saber, que un protagonista distinto a Chamberlain hubiera sido el líder de Gran Bretaña en esa época. Para Tenenbaum, un ejemplo de historia contrafáctica sólida sería un planteo del tipo “¿Qué habría pasado si el plan para asesinar a Adolf Hitler en julio de 1944 hubiera tenido éxito?”. Aquí no hay variables externas a lo acontecido, efectivamente hubo un intento de matar al Führer y fracasó. Entonces los hechos se mantienen tal como los conocemos, con la salvedad de imaginar un resultado distinto por medio de la introducción de una variable interna que no desafía la lógica de los sucesos.

La literatura de ficción se ha apropiado de la historia contrafáctica liviana para jugar con nuestro pasado de manera libre, audaz y entretenida. Phillip Dick se preguntó qué hubiera sucedido si los nazis y sus aliados hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial. El resultado fue la obra de 1962 The Man in the High Castle, que imaginó a un Estados Unidos bajo ocupación alemana (en la costa Este) y japonesa (en la costa Oeste). En la trama, la victoria del Eje fue posible a partir de la introducción de una variable externa a los hechos fácticos: el asesinato en 1933 de Franklin Delano Roosevelt, lo que evita que el país supere la Gran Depresión, lo que a su vez impide que se involucre en la lucha antinazi y entonces Hitler triunfa militarmente en Europa. En El complot contra América, de 2004, otro escritor norteamericano de nombre Phillip (Roth) ideó una novela de historia alternativa especulando con la derrota electoral de FDR en 1940 y el triunfo del aislacionista y antisemita Charles Lindbergh. Otro caso de historia contrafáctica liviana. La ficción, naturalmente, tiene derecho a recurrir a ella.

Aplicando la historia contrafáctica liviana al mundo fantástico de los cómics, en 2003 Mark Miller se preguntó qué hubiera sucedido si la cápsula que trajo a la Tierra a Superman del espacio exterior hubiera caído en la Unión Soviética en vez de en Kansas, y a partir de allí creó el cómic Red Son, en el que el Hombre de Acero se pone al servicio de Stalin y la expansión global del comunismo, el que es opuesto por un Estados Unidos alicaído gobernado por el presidente Lex Luthor. El gran ícono americano re-imaginado como héroe soviético. Absolutamente genial.

El triunfo del magnate neoyorquino Donald Trump en las pasadas elecciones estadounidenses con seguridad ha liquidado toda especulación contrafáctica de los historiadores (¿a quién puede interesarle realmente imaginar cómo hubiera sido un aburrido gobierno de Hillary Clinton?) y ha evaporado los argumentos de posibles realidades alternativas de los novelistas, puesto que la realidad ha superado a la ficción. Lo impensable ocurrió, y lo que de aquí en más acontezca será parte indeleble de La Historia. Fáctica, por supuesto.