Artículo publicado en The Times of Israel

FIRST BARGHOUTI, THEN KHALED (27/04/17)

These couple of weeks have been really good for Palestinian propaganda. First, The New York Times promoted Marwan Barghouti -a famous terrorist sentenced to five life terms for murdering Israelis- in its opinion pages. Then, the Municipality of Barcelona invited legendary Palestinian terrorist Leila Khaled to lecture in the city.

The New York Times's decision to give Barghouti a platform and to present him as a "Palestinian leader and parliamentarian" -concealing critical information regarding his violent past and giving credence to a jailed militant´s allegations- truly marked a new low in the historically problematic relationship of the international media with Israel. That decision, however, harmonized with the Time's editorial psychology and its dark past. As author Laurel Leff has documented in her superb book Buried by the Times: The Holocaust and America's Most Important Newspaper, this influential daily offered a very poor coverage of the genocide of European Jews during World War II. Presumably, the Jewish owners of the newspaper, the Och-Sulzberger families, acted in this way out of concern that the newspaper would be accused of being partial and pro-Jewish. So bad was the bias that at its centenary, in 1996, the Times had to offer an apology (a rather laconic one): “The Times has long been criticized for grossly underplaying the Holocaust while it was taking place. Clippings from the paper show that the criticism is valid”.

After publicizing Barghouti in this scandalous way, the NYT saw fit to publish a clarification. Titled “An Op-Ed author omits his crimes, and the Times does too” public editor Liz Spayd posted an online explanation from opinion editor Jim Dao about the matter. Curiously enough, Mrs. Spayd herself began her note on the defensive:

“Marwan Barghouti is an unusually popular political figure among Palestinians, especially for a man behind bars. He is a charismatic leader who has written three books and for many years has commanded an outsize presence beyond the Israeli prison where he is serving time. He was given five consecutive life terms after being convicted in an Israeli criminal court of premeditated murder for his role in terrorist attacks that killed five people, along with other crimes”.

Apparently, asking for sincere apologies is not the forte of this newspaper.

The next Palestinian terrorist to receive a “like” from a liberal quarter was Leila Khaled, guest of honor of the Third Literary Fair of Barcelona, ​​to be held in mid-May. The event, also known as “Fair of ideas and radical books” is sponsored by the Municipality of Barcelona, ​​which has already posted posters showing the face of the Palestinian hero on the city´s streets. Khaled's visit is scheduled for May 14th, coinciding with the anniversary of Israel's Independence Day. Her reputation precedes her. She was the first woman to hijack a passenger plane, a Tel-Aviv bound TWA flight, which was diverted to Syria. She then hijacked another plane, bound to New York, and managed to throw a hand grenade inside, which did not explode. On a smaller scale than “Che” Guevara, her image of a rebel with the Palestinian kaffiyeh covering her hair while holding an AK-47 has been reproduced ad infinitum in street graffiti and posters. She was part of the ultra-violent Popular Front for the Liberation of Palestine. Of Leninist inclination, this group explained its actions in neo-Marxist and Maoist terminology. This might also explain the enthusiasm of Ada Colau, the mayor of Barcelona ​​of the extreme-left Podemos Party, in hosting her.

Khaled may have been one of the most prominent female Palestinian terrorists, but she was surely not the only one. Other fellow travellers were hijacker Amina Dahbou and Hebrew University bomber Rashida Abhedo. There were also anonymous women involved in “armed struggle”, such as the Palestinian woman suffering from cancer who recently tried to smuggle explosives from Gaza on her way to an Israeli hospital, or those Palestinian girls raped by Palestinian men during the last intifada to force them to redeem their honor in suicide attacks against Israelis. Palestinian nationalism has indeed empowered its women --with rifles and grenades, that is.

Such Western validation of Palestinian terrorists as that just granted to Marwan Barghouti and Leila Khaled throws us back to the seventies and eighties, when arch-terrorist Yasser Arafat was a prominent guest to the United Nations, the Vatican and European capitals. It is a painful déjà vu, and it will not be the last.
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[Versión en español]

Primero Barghouti, ahora Khaled

Por Julián Schvindlerman
The Times of Israel – 27/4/17

Este par de semanas ha sido realmente muy bueno para la propaganda palestina. Primero, el New York Times promovió en su página de opinión a Marwan Barghouti, un terrorista condenado a cinco cadenas perpetuas por cargos de asesinato a israelíes. Luego, la alcaldía de Barcelona invitó a la legendaria terrorista palestina Leila Khaled a disertar allí.

La decisión del New York Times de dar tribuna a Barghouti y presentarlo como un “líder y parlamentario palestino”, ocultando toda información relativa a su pasado terrorista y dando por ciertos los alegatos de un militante encarcelado, marcó verdaderamente un nuevo punto bajo en la históricamente problemática relación de los medios de prensa con Israel. Esa determinación, sin embargo, armonizó con la psicología editorial del diario y su oscuro pasado. Tal como Laurel Leff ha documentado en su soberbio libro Buried by the Times: The Holocaust and America´s Most Important Newspaper, este influyente medio ofreció una muy pobre cobertura del genocidio de los judíos europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Presumiblemente, los dueños judíos del diario, las familias Och-Sulzberger, actuaron así por temor a que el diario fuese acusado de ser un medio parcial pro-judío. Hasta tal punto minimizó el Times los trágicos hechos ante sus lectores que en su centenario, en 1996, debió ofrecer una disculpa (bastante lacónica) por ello: “El Times durante mucho tiempo ha sido criticado por groseramente infravalorar el Holocausto, mientras que éste tenía lugar. Los recortes del diario muestran que la crítica es válida”.

Tras publicitar a Barghouti de esta manera escandalosa, el NYT se vio forzado a publicar una aclaración. Con el título “Un autor de opinión omite sus crímenes, y el Times lo hace también”, la editora pública Liz Spayd colgó una explicación online del editor de opinión Jim Dao al respecto. Curiosamente, la propia señora Spayd comenzó su nota a la defensiva:

“Marwan Barghouti es una figura política inusualmente popular entre los palestinos, especialmente para un hombre detrás de las rejas. Él es un líder carismático que ha escrito tres libros y durante muchos años ha comandado una presencia fuera de lo común más allá de la prisión israelí donde cumple su condena. Se le dio cinco años consecutivos a perpetua después de haber sido condenado en un tribunal penal israelí por asesinato premeditado por su papel en ataques terroristas que mataron a cinco personas, junto con otros crímenes”.

Aparentemente, pedir sinceras disculpas no es el fuerte de este diario.

El siguiente terrorista palestino en recibir un “like” de un sector progresista fue Leila Khaled, invitada de honor a la Tercera Feria Literaria de Barcelona, a celebrarse a mediados de mayo. También conocida como “Feria de literatura alternativa y de izquierdas”, es patrocinada por la alcaldía de Barcelona, la que ya ha colocado carteles con el rostro de la palestina en la vía pública. La visita de Khaled está prevista para el día 14, en coincidencia con el día del Aniversario de la Independencia de Israel. Su reputación la precede. Fue la primera mujer en secuestrar un avión de pasajeros, de TWA con destino a Tel-Aviv, que fue desviado a Siria. Luego secuestró otro avión que se dirigía a Nueva York y alcanzó a lanzar una granada de mano en su interior, la que no estalló. A menor escala que el “Che” Guevara, su imagen de revolucionaria con el kaffiyeh palestino cubriendo sus cabellos mientras empuña un AK-47 ha sido reproducida ad infinitum en grafitis y afiches. Integró el ultra-violento Frente Popular para la Liberación de Palestina. De inclinación leninista, explicaba sus actos en terminología neo-marxista y maoísta. Lo cual posiblemente explique el entusiasmo de Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, del partido de extrema izquierda Podemos, en agasajarla.

Khaled fue quizás la más prominente terrorista palestina, pero no la única. Junto a ella lucharon la también secuestradora de aviones Amina Dahbou, y la que hizo explotar una bomba en la cafetería de la Universidad Hebrea de Jerusalém, Rashida Abhedo. Las hubo anónimas también, como la mujer palestina enferma de cáncer que recientemente intentó contrabandear explosivos desde Gaza en su camino a un hospital israelí, o aquellas jóvenes palestinas violadas por hombres palestinos durante la última intifada para que se vean forzadas a redimir su honor en atentados suicidas contra israelíes. El nacionalismo palestino ha sabido empoderar a sus mujeres… con rifles y granadas, vale decir.

Semejante validación occidental de terroristas palestinos como la recientemente concedida a Marwan Barghouti y Leila Khaled remite a las décadas del setenta y ochenta, cuando el archi-terrorista Yasser Arafat era un invitado de lujo a las Naciones Unidas, al Vaticano y a capitales europeas. Es un doloroso déjà vu, y no será el último.