Artículo publicado en Informe sobre antisemitismo en la Argentina- CELS, DAIA
2015

BOICOTS, DESINVERSIONES Y SANCIONES: UNA NUEVA MÁSCARA PARA EL ANTISEMITISMO

Introducción

Conocido por sus iniciales, BDS es una red global de organizaciones e individuos extremistas reunidos por su común anti-sionismo y antisemitismo. BDS no constituye un movimiento o una entidad establecida, sino que está integrada por docenas de agrupaciones y personas radicales que, bajo la cobertura de engañosas proclamas humanitarias, lleva adelante una campaña de criminalización y deslegitimación del Estado de Israel. BDS ofrece la apariencia de una causa justa pero encubre una agenda nefasta. Apela a tácticas no violentas para complementar las acciones violentas de otros enemigos de Israel, como el Hamas o el Hezbolá. Y a pesar de haber logrado engañar o persuadir a terceros a propósito de la nobleza de su misión, representa en última instancia una nueva fase de agresión contra el estado judío y el pueblo judío.

Tácticas y objetivos de BDS

Fundamentalmente, BDS promueve tres vectores de acción contra Israel:
1) Los boicots de académicos y universidades israelíes, de productos fabricados en Israel y de artistas de Israel, así como que busca sabotear la visita de artistas internacionales al estado judío. Usualmente, sus adherentes presionan a cantantes, músicos y autores a que desistan de viajar a Israel a la par que pujan por obstruir las visitas a otras naciones de los académicos y artistas israelíes.
2) Las desinversiones de empresas que hacen negocios con los israelíes o el estado de Israel. Típicamente, acusan a estas compañías y empresarios de ser cómplices en la comisión de crímenes de guerra y procuran que se desvinculen del estado judío.
3) Las sanciones económicas contra el país. Los simpatizantes y activistas del BDS continuamente tratan de presentar las acciones defensivas del ejército de Israel en el marco de las guerras con grupos terroristas como ilegales e in-humanas y pretenden que las Naciones Unidas impongan sanciones punitivas y embargos como una forma de castigo colectivo contra toda la nación.

En conjunto, estas acciones persiguen el fin de transformar a Israel en un estado paria. Apelan a la demonización de la nación judía por medio de comparaciones odiosas con el colonialismo, el nazismo y la Sudáfrica del apartheid con el fin de convertir una disputa política y territorial en un asunto de discriminación racial y étnica. Incluso han establecido la Semana del Apartheid Israelí, que consiste en una exhibición itinerante con sede en alrededor de ciento cincuenta universidades y ciudades del mundo en la que se proyecta una agenda anti-sionista bajo el escudo de un falso discurso intelectual. Los adherentes al BDS anhelan difamar a Israel y ensuciar su imagen internacional para lograr la implementación de sanciones, boicots y embargos similares a los que sufrió Sudáfrica en el pasado. Recurren a la batalla legal -referida en inglés como lawfare- como un método para explotar la ley internacional y las cortes a su favor y para interferir en la diplomacia de Israel. Tratan de llevar ante la Corte Penal Internacional a políticos, oficiales y soldados de Israel bajo infundadas acusaciones de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Pervierten la atmósfera de libre expresión en los campus universitarios occidentales al frustrar las conferencias de expositores israelíes mientras que imponen disertaciones de fanáticos pro-palestinos. Han sido exitosos en fomentar el apoyo de gremios, iglesias, universidades, empresas y personalidades en su incesante campaña de desprestigio anti-israelí. Algunas de las ONGs que integran el BDS gozan de acceso especial al sistema de las Naciones Unidas, en particular a su Consejo de Derechos Humanos, al que presentan informes escritos y en cuya asamblea dan discursos hostiles, y encuentran eco en el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino, que desde su creación en 1975 dentro de la estructura de la ONU se dedica a atacar a Israel.

¿Quiénes integran BDS?

En Occidente, el BDS tiene un aura de respetabilidad inmerecida. Es generalmente visto como un movimiento progresista, humanista y no-violento que está a favor de la paz palestino-israelí. Esta es una imagen errada del BDS y de sus intenciones. Basta con prestar un poco de atención a su génesis, a sus referentes y a sus pronunciamientos para advertir que el pacifismo y la coexistencia son lo último que anhelan. A pesar de que sus simpatizantes dicen estar haciendo una crítica legítima a Israel, emplean un lenguaje ofensivo que cruza la línea de lo aceptable. El BDS niega el derecho judío a la auto-determinación nacional y usa una simbología asociada al antisemitismo clásico para representar a los israelíes. Varias de las acusaciones extravagantes lanzadas antaño contra los judíos, las arroja ahora sobre el estado judío.

Algunas de las ONGs involucradas son: Palestine Solidarity Campaign, aunque su logo abarca todo Israel, algunos creen que está a favor de la solución de dos estados; BADIL, que acusa a Israel de cometer un “genocidio lento” y clama por el “derecho al retorno” de los palestinos y con frecuencia publica posters y caricaturas agresivas, como una del año pasado que mostraba un puño cerrado sobre el mapa de Israel con el lema “El retorno es nuestro derecho y nuestro destino”; MIFTAH, que denomina a los terroristas como “luchadores resistentes” y acusa a Israel de llevar a cabo “genocidio cultural”, “masacres” y “crímenes de guerra”, en el 2013 publicó un artículo que revivió el libelo de sangre medieval antijudío; y Electronic Intifada, cuyo director Alí Abunimah asegura que el sionismo “es una de las peores formas de antisemitismo en existencia hoy en día”, dice que Gaza es “un campo de concentración” y equipara a la prensa israelí a “Der Sturmer”. Otros referentes del BDS son Asad Abu Khalil, quien proclamó que “la justicia y la libertad para los palestinos son incompatibles con la existencia del Estado de Israel”; Omar Barghouti, quien vaticinó que “estamos presenciando el rápido fallecimiento del sionismo, y nada puede hacerse para salvarlo…”; y Ahmed Moor, quien declaró que “BDS no es otro paso en el sendero hacia la confrontación final; BDS es La Confrontación Final”.

Entre quienes suscribieron al BDS se encuentran el Movimiento de Resistencia Islámico (más conocido por su acrónimo árabe, Hamas), que en un comunicado de 2014 dijo: “Nosotros en Hamas apreciamos y damos la bienvenida a estos boicots económicos contra la ocupación sionista”, mientras que el brazo armado de la organización, la milicia Izz al-Din al-Qassam, se sumó al llamado con un twitt de una delicadeza inusual para un grupo terrorista: “Por favor dejen de comprar estos productos….”; el influyente jeque sunita Yusuf al-Qaradawi, quien en 2002 emitió una fatua a favor del boicot: “Cada rial, dinar, etc. usado para comprar sus productos eventualmente se convierte en una bala a ser disparada a los corazones de hermanos y niños en Palestina. Por esta razón, es una obligación no ayudarlos (a los enemigos del islam) comprando sus productos”; y el ayatolá chií y Líder Supremo de Irán Alí Khameini, quien en una fatua del 2001 puntualizó: “La compra de cualquier ítem que ayude a reforzar al sionismo no es permisible a menos que alcance el punto de la necesidad”.
Oficiales de la Autoridad Palestina también han abrazado la misión del BDS. El Canciller Riyad al-Maliki es el fundador de PANORAMA, una ONG que apoya al BDS. El gobernador de Hebrón Kamil Hamid inauguró una de sus conferencias, en 2011. El negociador principal Nabil Saath admitió al diario Haaretz que “si uno quiere ejercer presión real, este es el camino… Los grupos BDS se reúnen aquí en mi oficina”. De hecho, la Autoridad Palestina y la OLP han estado inmersos en la génesis misma del BDS.

Durban, donde todo comenzó

Las semillas perniciosas de las que afloró el BDS actual fueron plantadas en Durban, Sudáfrica, en ocasión de la (orwelliana) Conferencia Contra el Racismo auspiciada por las Naciones Unidas, en 2001. Delegados de gobiernos y ONGs de todo el mundo confluyeron allí para participar de la conferencia oficial y de un Foro de ONGs que se realizó de manera paralela al encuentro central. El entonces líder de la OLP y presidente de la AP, Yasser Arafat, junto con su sobrino Nasser al-Kidwa, a la sazón delegado palestino ante la ONU, lideraron el esfuerzo para demonizar y marginar a Israel. Con el respaldo de naciones árabes e islámicas, más aportes de organizaciones de derechos humanos, el Foro de las ONG´s emitió una declaración que sostuvo:

“Llamamos a la comunidad internacional a que imponga una política de aislamiento total y completo de Israel como un estado apartheid como en el caso de Sudáfrica lo que significa la imposición de embargos y sanciones abarcadores y obligatorios, el cese entero de todos los lazos (diplomáticos, económicos, sociales, de asistencia, cooperación militar y entrenamiento) entre todos los estados e Israel”.
Aquí nació la base política e ideológica del BDS contemporáneo, como un agregado adicional a la campaña terrorista en curso en el contexto de la intifada palestina que había comenzado unos meses antes. Surgía así una dimensión global que acompañaría a los actos de terror dentro de Israel. A la larga, terminó sobreviviendo a la propia intifada.

Alrededor de los promotores árabes, palestinos e islamistas del BDS se han juntado figuras de la izquierda radical global, iglesias cristianas, universidades occidentales y algunas personalidades judías, tales como Ilán Pappé, Naomi Klein, Judith Butler y Adam Shapiro. En 2008 fue establecida la Red Internacional Judía Anti-sionista, e incluso dentro del propio Israel hay grupos pro-BDS: la Coalición de Mujeres por la Paz y Boicot desde Adentro, que evolucionó del original Anarquistas contra el Muro. Cuando la Asociación de Antropólogos Norteamericanos anunció que sometería a evaluación sus lazos con universidades de Israel, veinte académicos israelíes le enviaron una carta apoyando la medida; entre ellos había profesores de reconocidas universidades como las de Tel-Aviv, Toronto, Michigan, Manchester y Chicago. Su identidad judía o nacionalidad israelí no debiera confundir a nadie: estos activistas están tan dedicados a la obliteración de Israel como el resto de sus camaradas gentiles.

Estrellas de rock y universidades

Los campus universitarios y el ámbito cultural son las áreas en las que la campaña del BDS ha sido más exitosa. Muy poco tiene de qué vanagloriarse en lo relativo a sanciones y desinversiones, pero en lo concerniente a silenciar a disertantes favorables a Israel y promover a disertantes críticos de Israel, BDS ha cosechado algunos triunfos.

En 2014, el profesor de filosofía del Connecticut College Andrew Pressin criticó el terrorismo de Hamas. Una ola de protestas fue montada en su contra acusándolo de racismo y las autoridades de la universidad lo suspendieron. Este año, el King’s College London invitó a disertar al ex titular del Shin Bet y prominente pacifista israelí Ami Ayalon; el encuentro debió ser cancelado cuando opositores enajenados arrojaron sillas, rompieron ventanas, activaron alarmas contra incendios y todo el edificio fue evacuado. En 2010 igual suerte corrió el entonces embajador israelí en Estados Unidos Michael Oren, cuando una ponencia suya en la Universidad de California en Irvine fue saboteada con violencia. En sentido contrario, los radicales antiisraelíes suelen hallar espacio para exteriorizar sus ideas descabelladas. A principios de año la profesora de estudios de género de la Universidad Rutgers fue invitada a exponer al Vassar College acerca de “Bio-política in-humana: De qué modo Palestina importa”, en la cual acusó al gobierno de Israel de extraer órganos de los cadáveres de los palestinos para investigación científica y de realizar experimentos médicos con los palestinos. En el mismo campus se fomentó un boicot a los helados Ben & Jerry´s (creados por dos judíos) bajo alegatos de que se venden en asentamientos israelíes. Por estar consumidos con la obsesión anti-sionista, los estudiantes han dejado de lado otras causas globales. Rara vez se ven en los campus protestas contra el tratamiento dado a la mujer en países árabes, o contra la persecución de cristianos en tierras islámicas o a propósito de otras causas humanitarias urgentes. Haber secuestrado la agenda universitaria ha sido un logro de BDS.

Sin embargo, el área en que más ruido ha hecho -y en consecuencia más atención ha concitado- ha sido en el ambiente de la cultura. Activistas del BDS ejercen presión desmedida sobre músicos, artistas y cantantes cada vez que anuncian un viaje al estado judío, al condenarlos públicamente e inundar sus websites y páginas de Facebook con grandes cantidades de mensajes oprobiosos. Preocupados por el impacto económico y su imagen pública, varias estrellas han cancelado sus visitas a Israel. Entre ellas, Jon Bon Jovi, Carlos Santana, The Pixies, Gorillaz, Pete Seeger, Vanessa Paradis, Elvis Costello y Roger Waters; estos dos últimos han dado un paso más y se han alistado al BDS. Entre quienes no han cedido a las presiones y dieron conciertos en Israel en años recientes se encuentran, Elton John, Bob Dylan, Alicia Keys, Maddona, Rod Stewart, Rihanna, Lady Gaga, Paul Simon, Justin Bieber, Leonard Cohen, Diana Krall, Red Hot Chilli Peppers, Aerosmith, The Pet Shop Boys y Paul McCartney, quien había sido amenazado de muerte si pisaba Israel por el clérigo islamista sirio Omar Bakri. Militantes BDS suelen sitiarse a la entrada de salas de conciertos donde se presentarán israelíes y elevan pancartas antiisraelíes y pro-palestinas. En la Argentina se vio ello en ocasión de las visitas de la Orquesta Filarmónica de Israel en el Teatro Colón en 2013 y de la cantante Ajinoam Nini en el Teatro Coliseo en 2015.

Fuentes de financiamiento

Además de patrocinadores non-sanctos, llamativamente, BDS es financiado en parte por fundaciones, caridades religiosas y hasta gobiernos occidentales. La Unión Europea es el más grande patrocinador de ONGs activas en el conflicto palestino-israelí, lo que incluye a las más radicales entre ellas. La UE transfiere anualmente millones de euros a grupos pro-BDS aun cuando ello contradiga la política exterior del bloque, que está a favor de la existencia de Israel y de una solución pacífica entre las partes. Aunque se pronuncia contraria al boicot, el año pasado la UE decidió etiquetar aquellos productos israelíes fabricados en los Altos del Golán, Cisjordania y Jerusalem Oriental, lo que dio un gran espaldarazo al movimiento BDS global.

Por momentos, la política europea parece sabotearse a sí misma. El año pasado se realizó en España un encuentro internacional de reggae denominado Rototom Sunsplash. Es un festival anual de arte y música que reúne a referentes del reggae bajo una propuesta de “paz, igualdad, derechos humanos y justicia social”. El evento contaba con invitados de setenta y tres países de los cinco continentes. No participaban israelíes pero sí un judío: el músico estadounidense, Matthew Paul Miller, más conocido como Matisyahu, al que los organizadores exigieron previo a su arribo, bajo presiones del BDS País Valencía, un pronunciamiento político a favor de un estado palestino. Matisyahu no respondió y fue echado del festival. Sólo la reacción mundial adversa forzó su reincorporación. Este festival recibió fondos públicos del estado español, que oficialmente está en contra del boicot a Israel. España también financia a una serie de ONGs pro-BDS, como Al-Haq y el Comité para la Ayuda Agrícola Palestina, que promueven un boicot a Israel que España rechaza. Otro caso llamativo ocurrió para la misma época y esta vez involucró a Francia. Tres ONGs pro-BDS (Association France Palestine Solidarité, The International Federation for Human Rights, Catholic Committee Against Hunger and for Development-Terre Solidaire), que son directamente financiadas por el estado francés, promovieron un boicot contra la compañía telefónica Orange en Israel y triunfaron. Francia es dueña del 25% de Orange, lo que significa que Paris financió un boicot contra sus propios intereses. Algo parecido ocurrió con Holanda cuando ONGs patrocinadas por el estado holandés fomentaron un boicot a la Compañía de Agua de Israel, Mekorot. El pico de la ofensiva de estas ONGs pro-BDS ocurrió el mismo mes en que Holanda firmó un acuerdo de cooperación de desarrollo con Israel.

En abril último, la ex Ministra de Relaciones Exteriores de Israel Tzipi Livni dio una conferencia en la Universidad de Harvard. Un alumno le hizo una pregunta: “¿Por qué es usted tan olorosa? Es en relación a su olor, sobre el olor de Tzipi Livni, muy oloroso”. Harvard hizo lo posible por ocultar la identidad del alumno provocador, llegando a borrar su pregunta del video del evento, pero finalmente trascendió su nombre: Husam El-Qoulaq, un militante de Students for Justice in Palestine (SJP). Este grupo pro-BDS cuenta con más de cien oficinas de representación en universidades de Estados Unidos, lo que le da una pátina de respetabilidad. Sin embargo, en testimonio reciente ante el Comité de Asuntos Exteriores del Congreso norteamericano, el ex oficial del Departamento del Tesoro Jonathan Schanzer expuso que un patrocinador prominente de SJP es American Muslims for Palestine (solamente en 2014 gastó cerca de cien mil dólares en actividades antiisraelíes en los campus universitarios de Estados Unidos), y que varios de sus miembros principales han tenido problemas con el FBI por financiar a grupos terroristas palestinos. A medida que sean más completamente reveladas las conexiones financieras de las entidades e individuos que respaldan económicamente a ONGs pro-BDS, posiblemente se vislumbre qué tan oscuras son las raíces de este movimiento agresivo.

Conclusión

Los judíos estuvieron expuestos a boicots y marginaciones durante la Edad Media en Europa. Se les prohibió ser dueños de tierras y propiedades, de estudiar determinadas disciplinas y de ejercer ciertas profesiones o actividades. Aun cuando con el correr del tiempo estas políticas discriminatorias fueron descartadas, boicots populares antijudíos subsistieron. A fines de la década de 1890 un boicot popular masivo contra los judíos fue organizado en Francia y otro fue instituido contra los judíos de Limerick en Irlanda, en 1904. Hasta bien entrado el siglo XX, universidades estadounidenses y europeas imponían cuotas de admisión a los judíos.

Con el advenimiento del sionismo político y la inmigración judía masiva a Palestina, el liderazgo árabe adoptó las políticas del boicot contra el Yshuv (la comunidad hebrea asentada en Palestina) a partir de los años veinte del siglo pasado. En 1922, el 5to Congreso Árabe-Palestino instó a los árabes a no vender tierras a los judíos y a boicotear sus negocios. En 1929 se extendió a todas las mercancías fabricadas por los judíos. En 1931, el Comité de los Trabajadores Árabes publicó una lista de productos judíos a boicotear y la difundió en países musulmanes y occidentales. En 1937 el Congreso Árabe promovió un nuevo boicot económico contra los judíos.

En 1945, la Liga Árabe declaró un boicot contra todo el Yshuv, estableció sus cuarteles en Damasco y abrió oficinas en varios países árabes. El boicot árabe contra Israel incorporó boicots de segundo y tercer grados, castigando a empresas que comerciaran con la nación hebrea y a las que lo hicieran con éstas. Durante la Guerra de Iom Kipur en 1973, las naciones árabes productoras de petróleo impusieron un embargo contra los Estados Unidos y otros países occidentales. A partir de los años noventa, la aplicación de estos boicots y embargos comenzó a decaer a medida que Israel entabló contactos con la OLP y naciones árabes en el marco de conferencias de paz en Madrid y Washington y canales diplomáticos secretos en Oslo. Con el tiempo, Israel abrió oficinas comerciales en algunos países del Golfo Pérsico y selló lazos de cooperación económica con la Autoridad Palestina. Con Jordania y Egipto firmó más amplios acuerdos de paz.

El BDS emergió cuando este añejo boicot estaba prácticamente desvanecido. Para contemplar: Coca-Cola fue boicoteada en 1966 y perdió el mercado árabe; en 2014, miembros de BDS rompieron estanterías de Coca-Cola en un supermercado de la cadena Tesco en Birmingham para protestar por su presencia en Israel. Al igual que el boicot árabe-palestino inicial, busca dañar al estado judío en el plano económico y diplomático y, tal como su predecesor y alegatos al margen, no le conciernen sus fronteras ni sus dimensiones territoriales. Lo que BDS pone en su mira es la legitimidad misma del Estado de Israel.

Referencias

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Key Issue: BDS -Boycotts, Divestment, and Sanctions (NGO Monitor)
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