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LA TRAICIÓN HOLANDESA A AYAAN HIRSHI ALI - 31/05/06

En el marco de una feroz guerra interna en el Islam -que enfrenta a radicales con moderados, donde la preponderancia de los primeros se debe en gran parte al silencio de los segundos- cabe esperar que Occidente apoye a los moderados pacíficos en su gesta contra el extremismo de los fundamentalistas violentos. Dado que son tan pocos los musulmanes moderados que se atreven a criticar públicamente el dogmatismo de sus hermanos fanáticos, es dable esperar que ellos fueran a recibir todo el apoyo posible que las sociedades occidentales pudieran brindarles, cuando finalmente lo hacen. Esto que luce tan lógico no siempre suele darse, y el sonado caso reciente de Holanda versus Ayaan Hirsi Ali lamentablemente lo demuestra.

Esta señorita musulmana cobró fama mundial en el año 2004 cuando un musulmán radical asesinó a tiros y a puñaladas, a plena luz del día y en la vía pública, al cineasta holandés Theo Van Gogh. Su crimen: haber documentando en un film (“Sometimiento” es su nombre) el maltrato al que las mujeres están expuestas en las sociedades islámicas. El asesino dejó tras su puñalada final un panfleto de cinco páginas clavado sobre el pecho de la víctima, titulado “Carta abierta a Hirsi Ali”, la guionista del documental. Ella ya estaba bajo protección policial por haber renunciado a su Fe unos años atrás, dado que la apostasía es penalizada con la muerte en el Islam. Pero la ciudadanía pronto expiraría, con lo cuál esta feminista musulmana debió apresurar su partida del país bajo. Las razones aparentes de la caducidad de su ciudadanía son técnicas: Hirsi Ali declaró un nombre y una fecha de nacimiento incorrectos al aplicar para el status de asilo en Holanda, años atrás. Las razones reales son morales: la sociedad holandesa se hartó de proteger a una crítica del Islam radical.

En un principio, todo parecía indicar que Europa había acogido dignamente a esta luchadora ejemplar. Ayaan Hirsi Ali nació en Somalía en 1969, el mismo año en que un golpe de estado llevó al poder al comunista Mamad Siad Barre. La familia de Ayaan huyó a Arabia Saudita, un país ultra-religioso del que serían expulsados un año más tarde. La familia se asentó temporalmente en Etiopía para trasladarse eventualmente a Kenia. A los 23 años, Ayaan aparentemente fue informada por su padre que un primo lejano la esperaba para desposarla  en Canadá. Durante un escala en Alemania, Ayaan se fugó de polizonte en un tren hacia Holanda, con la esperanza de una vida mejor. Allí obtuvo asilo político como refugiada, trabajó de sirvienta, repartidora de cartas, y traductora, estudió ciencias políticas en la Universidad de Leiden, escribió un libro crítico de la cultura islámica, se sumó a la política local, fue electa diputada, y fue ganando cada vez más espacio como una pensadora independiente en una sociedad libre y meritocrática. Los reconocimientos a su trayectoria no tardaron en llegar. Con apenas treinta seis años de vida,  Hirsi Ali ha cosechado numerosos premios a la libertad y a la tolerancia por parte de centros de investigación, partidos políticos, y revistas de Dinamarca, Noruega, y España, y ha sido nominada al premio Nobel de la paz por un miembro del parlamento noruego.
 
Pero el encantamiento europeo con esta joven renegada islámica parece haberse esfumado, al menos en Holanda. La falsa declaración de Ayaan a propósito de su nombre y edad habían sido hechas públicas por ella misma años atrás, primero en un libro de su autoría y luego en una entrevista con un medio local. El escándalo actual estalló luego de que un programa televisivo de orientación izquierdista revelara el hecho el mes de mayo, años después de que ella misma lo hiciera. El verdadero escándalo es la debilidad ideológica y moral de sus compatriotas. El mes anterior, un juez la echó de su departamento luego de que sus vecinos adujeron que su presencia en el edificio los ponía en peligro y además provocaba una caída en el valor de la propiedad. Según sondeos, cerca de la mitad de los holandeses creen que ella debería perder la ciudadanía. Esta feminista valiente es una víctima de la cobardía y la necedad de su pares. Ellos creen, ingenuamente, que su partida calmará las aguas de la tempestad islamista local. Se equivocan.

Hirsi Ali encontró su nuevo refugio en los Estados Unidos, donde trabajará para el American Enterprise Institute, prominente centro de investigación conservador que la ha invitado a su casa. En la carta de invitación, el presidente de este instituto escribió unas palabras muy aleccionadoras para los europeos de temple tímido: “Nosotros apreciamos que sus puntos de vista han sido polémicos y probablemente permanecerán así; creemos que controversias como éstas, cuando son llevadas a cabo en un espíritu de civilidad y exploración razonada, son esenciales para el progreso intelectual, y deben ser bien recibidos en lugar de temidos...Mis colegas y yo esperamos con entusiasmo darle la bienvenida al AEI, y a América”. Solo en América; la tierra en la que la revista Time la ubicó entre las 100 personas más influyentes del mundo en el 2005, en la que la revista Reader´s Digest la eligió como “la europea del año 2006”, y en la que el American Jewish Committee le dio el “premio al coraje moral” este último mes de mayo.

Este caso ilustra muy elocuentemente las diferencias de enfoque entre Norteamérica y Europa acerca de la lucha contra el Islam radical, de la entereza moral de unos y otros, y de las consecuencias que se verán al fin del camino de uno y otro lado del Atlántico. Estas palabras de Daniel Schwammenthal, editorialista de la versión europea del Wall Street Journal, escritas acerca del affair Hirsi Ali, serán algún día consideradas proféticas : “Donde los defensores de la democracia deben huir mientras que los enemigos de la sociedad libre deambulan por las calles, no solo el valor de la propiedad será muy barato. También lo será la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.