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ISRAEL 1967: DEL TRAUMA AL TRIUNFALISMO (14/06/2017)

No sorprendentemente, buena parte de la cobertura de prensa del 50 aniversario de la Guerra de los Seis Días fue sesgada, centrándose en una de sus consecuencias más perdurables: “la ocupación de tierras palestinas”, para ponerlo en la jerga mediática. Los medios podían haber puesto el foco en la génesis de la contienda, y hablar acerca de las amenazas árabes de echar a los judíos al mar; de los programas de radio, incluso en hebreo, que desde Egipto instaban a los israelíes a abandonar el país; de los diarios sirios, jordanos y egipcios que con euforia vaticinaban la aniquilación del ente sionista; de la traición francesa a Israel, que impuso un embargo militar en las vísperas de una guerra de exterminio a dos décadas del fin del Holocausto; y de la complicidad arabista de la ONU, que retiró a las tropas que debían resguardar la frontera en el Sinai; de la soledad internacional de Israel y de la angustia de sus ciudadanos; de las fosas comunes que se estaban cavando en parques, de la movilización de miles de reservistas, del colapso nervioso del jefe del ejército Itzak Rabín bajo el estrés del dramático momento. Por ejemplo.

Pero ello hubiera dinamitado la imagen de un Israel poderoso y de potencia ocupante que es la favorita de los periodistas. Era más cómodo preservar inalteradas las propias nociones y así se hizo. En consecuencia, el foco estuvo en la narrativa de victimización palestina y en los estragos de la ocupación. En un interesante caso de incontinencia editorial, el diario español El País ya desde el año pasado arrancó con una serie de notas encomendadas a ese gran amigo de Israel que es Mario Vargas Llosa, sobre las diversas facetas de la guerra; al menos todas las facetas que mostraran el rostro malvado del estado judío.

Uno de los escasos análisis profundos lo ofreció un israelí en el New York Times, diario que, a diferencia de muchos otros, brindó perspectivas divergentes sobre esa guerra, lo que permitió a sus lectores recibir una pluralidad de ideas y enfoques. En una nota titulada “Aún atrapados entre mayo y junio de 1967”, Yossi Klein Halevy analizó el impacto psicológico en la sociedad israelí, y cómo este afecta al día de hoy las toma de postura de sus compatriotas. El articulista argumentó que el pasaje de trauma a triunfalismo que experimentaron los israelíes en cuestión de semanas, sigue influyendo en sus posiciones ideológicas actuales. En muy poco tiempo, la nación pasó de creer que sería arrasada a verse victoriosa ante enemigos más grandes y a expandir sus fronteras. Liberar Jerusalem, Gaza y Cisjordania, así como el Sinai y el Golán, de manos árabes, y acceder al Muro de los Lamentos, hasta entonces vedado a los judíos, a pocas semanas de sentir que el sionismo estaba por llegar a su fin, dejó una marca en el inconciente colectivo israelí. Halevy postula que los israelíes ven su situación contemporánea bajo el prisma de una simple pregunta: “¿estamos en un momento del tipo mayo o junio de 1967?” Vale decir, “¿somos vulnerables o fuertes?” Dependiendo de cómo respondan a ese interrogante, se comportarán de una u otra forma.

Halevy ofrece algunos ejemplos ilustrativos. Un “momento mayo 1967” ocurrió cuando la Asamblea General de la ONU votó a favor de equiparar al sionismo con el racismo en 1975. Los israelíes se sintieron maltratados e incomprendidos. Miles de ellos marcharon bajo la lluvia hacia una vieja estación de tren de la era otomana próxima a Nablus y clavaron un cartel que decía “Avenida Sionismo”. El movimiento colono ya había nacido y crecido, no obstante y hasta el momento, era limitado. A partir de entonces recibió un empujón. En contraste, un “momento junio 1967” tuvo lugar cuando Anwar Sadat visitó Jerusalem en 1977. Los israelíes se sintieron aceptados. Miles de ellos lo recibieron con entusiasmo. Tras el acuerdo de paz, el gobierno de Menajem Begin levantó los asentamientos que el Laborismo había construido en el desierto del Sinai en años previos.

La dicotomía mayo-junio está insertada en la realidad del país. El Israel de 2017 se diferencia en mucho del de 1967: su economía es desarrollada, es un estado high-tech, tiene relaciones diplomáticas con casi todos los países del mundo. A la vez y esencialmente, no mucho ha cambiado. El odio antisionista persiste en la región, Hamas y Hezbolá tienen miles de misiles apuntándolos, Irán busca su destrucción y continuamente son montadas campañas de boicots y desprestigio desde Occidente. Entonces, ¿está Israel en una posición de fortaleza o de vulnerabilidad? ¿Puede ser concesivo porque está bien asentado, o debe asegurar sus posiciones porque está amenazado?

En las cinco décadas transcurridas desde aquella histórica contienda, muchas cosas han cambiado en el Medio Oriente. Otras, tercamente, no lo han hecho. Esperemos que el aniversario centenario regale una más diáfana realidad.