PUBLICADO EN LA REVISTA AMIJAI

RESEÑA LITERARIA (Septiembre de 2011)

Sobre "Roma y Jerusalem. La política vaticana hacia el estado judío" de Julián Schvindlerman

Por SILVIA PLAGER
Escritora. Sus últimas obras son El cuarto violeta, La rabina, Las damas ocultas del Greco.

Balzac pedía de la novela que fuera como un espejo que se pasea por el camino. Si bien el libro de Julián Schvindlerman es de ensayo, podría decirse que toma la idea para transformarla en un espejo que se pasea por el largo camino del antisemitismo. Esa reconstrucción del pasado, a través de documentación incuestionable- si se contemplan las fuentes que aparecen al final de las diferentes partes y en la introducción, titulada “Los papas y los judíos en la historia”- nos aportan la evidencia de un plan orquestado a través de los siglos para eliminar a un pueblo que sin intenciones catequizadoras, al saberse elegido por Dios, sentó las bases de lo que después la Iglesia llamaría Antiguo Testamento. Pero como aclara el autor en el prefacio, el enfoque de Roma y Jerusalem no es religioso sino político, aunque resulta evidente, mientras avanzamos en la lectura, que la religión fue una de las tantas máscaras adoptadas por aquellos que alentarían asesinatos y persecuciones durante épocas diversas.

Después de reveladoras y atrapantes cincuenta páginas, arribamos al primer capítulo, “El nacionalismo judío”. En sus primeras líneas se instruye al lector acerca del término sionismo, acuñado en 1885 por el escritor vienés Nathan Birnbaum, en alusión a Sión, uno de los nombres bíblicos de Jerusalem. Por más que hayamos abrevado en el tema, encontraremos datos que nos harán reflexionar acerca de las conductas -detalladas minuciosamente- de muchos líderes que conspiraban en contra de la posibilidad del establecimiento de los judíos en el territorio de sus ancestros por distintas conveniencias políticas. Las alianzas para lograr ese propósito se desnudan en este volumen que con nombres y fechas clarifica hechos que la prensa, generalmente cautiva de prejuicios antisemitas, mezquinó. El segundo capítulo, “La reacción de la Santa Sede” ha sido investigado por Julián Schvindlerman en sus múltiples facetas, una de tantas, el caso Dreyfus, sobre el que el diario del vaticano se expidió para relacionarlo con la masonería y el judaísmo surgidos conjuntamente para combatir y destruir el cristianismo en el mundo, según su peculiar visión.

En el capítulo siguiente, “El Vaticano y el Holocausto”, se revisa la actitud de la Iglesia, de los dirigentes políticos y de las masas durante la Segunda Guerra Mundial. Para muestra baste este párrafo extraído del sermón de veintiséis páginas pronunciado por el papa Pío XII la Nochebuena de 1942, en el que, después de un largo silencio se refirió al Holocausto con solo veintisiete palabras en las que mencionó a cientos de miles de personas que a causa de su nacionalidad o raza han sido condenadas a la muerte o a la extinción progresiva. Habló de cientos de miles en lugar de millones, aclara Schvindlerman, sin mencionar explícitamente a los judíos ni a los nazis. “La política hacia los judíos en la posguerra” (título del capítulo cuarto) cambió, pero surgían gestos constantes que conservaban en su esencia el germen de la judeofobia. Paradigmático fue el convento ubicado en Auschwitz. “Construir un convento sobre las tumbas invisibles de Auschwitz es errado y ofensivo”, dijo Elie Wiesel. No fue una protesta que prosperó de inmediato, pero finalmente y a pesar de la oposición del gobierno polaco, por decisión del papa Karol Wojtila, desplazaron el monasterio de las monjas carmelitas a 500 metros del campo de concentración.

De “La dimensión política” -que abre la tercera parte a la que hemos arribado en atenta complicidad con el autor, cuya indagación inteligente no ofrece fisuras- llegamos a la entrega final, “La dimensión religiosa”, asociada con la anterior, ya que “para el pueblo judío, la libertad espiritual ha estado históricamente ligada a la libertad política”. Del epílogo, acertadamente titulado “La victoria póstuma de Herzl”, rescato la imagen de Juan Pablo II, en el instante de introducir una plegaria en el Muro de Los lamentos. Como Marcos Aguinis , opino que las páginas de Roma y Jerusalem: la política vaticana hacia el estado judío informan, sorprenden y enseñan.